La relajación es el tranquilizante del Yoga. Es una forma de armonizar todo el organismo. Toda la actividad funcional disminuye, los músculos pierden tonicidad y se reduce la actividad cerebral.
Es una práctica que se realiza voluntaria y conscientemente y supone un gran descanso y una manera sencilla de recuperar energía.

Para la práctica deberemos buscar un momento tranquilo, una habitación que esté en calma y una luz tenue.

Se recomienda hacer la práctica tumbada hacia arriba, acomodando bien la posición. Una vez que la posición es cómoda, se toma conciencia de todo el cuerpo, ablandándolo y dejándolo pesar sobre el suelo.
Podemos empezar a recorrer el cuerpo desde el pie derecho en ascenso, percibiendo cada zona corporal y dejando que pese, se ablande y se relaje… Así hasta haber recorrido todo el cuerpo.
Una vez hecho este recorrido, tomamos conciencia de la respiración, alargando las espiraciones y con ello soltando el cuerpo más y más…

Cuando dejemos la práctica, volveremos poco a poco a tomar conciencia del cuerpo y a moverlo lentamente.